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Son las 9.15 horas. Arranca el Xacobeo con Corazón. Hay nervios y sensaciones encontradas. Los pacientes y acompañantes se arremolinan en torno al kilómetro 100; el punto a partir del cual eres considerado como un verdadero peregrino. Ese es el recorrido mínimo que exige la Iglesia para darte la famosa Compostelana, el carnet oficial del Xacobeo.


La gente se pone a andar, cada cual a su ritmo, y el grupo se estira, tanto, que entre el primero y el último hay más de 15 minutos de diferencia. Una distancia que se convierte en una hora al final de la etapa. No importa. Lo importante es caminar y demostrar que los pacientes cardíacos tienen corazón para eso y para mucho más. "Lo importante es la voluntad. El corazón va detrás", comenta María. Y es que las ganas son tantas que no importan las arritmias, ni los infartos, ni tan siquiera los marcapasos.

El primer tramo es pan comido. Cuesta abajo desde Ferreirós hasta Portomarín. Después una paradita en este municipio, rescatado del valle tras la construcción del embalse de Belesar, a principios de los 60. A partir de ahí, división de opiniones. Unos optan por el autobús y los otros, los más valientes, continúan hasta Gonzar, a ocho kilómetros, pero, cuesta arriba. Un esfuerzo que algunos resienten, pero merece la pena. "Yo tuve un infarto pero me gusta mucho caminar. Me ayuda a estar bien", comenta Antonio. El paisaje, las ganas y la ilusión hacen el resto. También el día ayuda. 15 grados y nublado. Ni mucho calor, ni mucho frío.
 

La subida de Castromaior

En Gonzar reponemos fuerzas e iniciamos el tramo final. Poco más de cuatro kilómetros pero, también, en subida y con una pendiente ascendente que hace  estragos y divide al grupo. Gajes del caminante. Es la despedida que nos hace castromaior, un antiguo asentamiento castreño que hace dos mil años hizo frente al avance romano. Y con la misma firmeza y resolución que aquellos castreños remontamos y llegamos a Hospital da Cruz, un antiguo hospital de peregrinos y el punto final de nuestra primera etapa.

En total, 21 kilómetros y medio y cinco horas de caminata. Todo una proeza para un grupo cuya bandera es la ilusión. Por hoy, ese más de centenar de valientes corazones ha cumplido, y con creces. Mañana es otro día.

 

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