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Conejo: una carne magra y saludable Tradicionalmente, la calidad de la carne venía determinada por aspectos sensoriales, como apariencia, textura, aroma y sabor. No obstante, actualmente el valor nutritivo ha cobrado una gran relevancia dentro de los factores que determinan la calidad. El papel nutritivo de la carne es controvertido, ya que generalmente los consumidores consideran que contribuye a un exceso de grasa, colesterol y de ácidos grasos saturados, factores fuertemente relacionados con la obesidad y los problemas cardiovasculares.
Por otra parte, tradicionalmente se ha considerado que los programas de selección genética han empeorado la calidad nutricional y sensorial de la carne. En el Dpto. de Ciencia Animal de la Universidad Politécnica de Valencia se lleva a cabo un programa de selección por velocidad de crecimiento en conejo. Se han realizado diversos estudios donde se pone de manifiesto que la selección por velocidad de crecimiento no ha afectado a las principales características de calidad de la canal y la carne de conejo.
La información disponible sobre la composición química de la carne de conejo es muy variable. Esta variabilidad se debe en parte a que los datos que se ofrecen corresponden habitualmente a distintas partes de la canal, además hay variaciones de la composición con distintos factores productivos como la alimentación, el peso y la edad de los animales. La carne de conejo se considera una carne magra ya que se caracteriza por su bajo contenido en grasa, menor que el contenido presente en otras especies como el porcino, vacuno y ovino. El lomo y la pierna son las partes más importantes. El lomo es la parte más magra de la canal con valores de contenido de grasa de 1,2 por ciento, valor inferior al de carnes magras como la pechuga de pollo, mientras que la carne de la pierna presenta un contenido de grasa algo superior, de alrededor de un 3 por ciento, aunque sigue siendo una carne magra. Acidos grasos y colesterol La composición de ácidos grasos presentes es un factor determinante desde el punto de vista de la relación dieta-salud. Las recomendaciones de organismos oficiales apuntan limitar el consumo de grasas saturadas y aumentar el de ácidos grasos poliinsaturados n-3 y n-6. Los lípidos de la carne suelen contener niveles de ácidos grasos saturados por debajo del 50 por ciento, correspondiendo los valores más bajos a carnes como la de pollo y conejo. Los porcentajes de ácidos grasos, saturados, moinsaturados y poliinsaturados de la carne de la pierna se encuentran alrededor de 36,9, 28,5 y 34,6 por ciento respectivamente. Los lípidos constituyen uno de los componentes más importantes de la dieta, ya que nos aportan energía y nutrientes esenciales, incluyendo el ácido linoleico y el linolénico. El ácido linoleico es el precursor de los ácidos grasos poliinsaturados de la familia n-6, mientras que el ácido linolénico es el precursor de los ácidos grasos de la familia n-3. La carne de la pierna de conejo tiene un elevado contenido en ácidos grasos poliinsaturados, siendo mayoritario el ácido linoleico (29 por ciento; 10 veces superior al contenido en vacuno y cordero, y más del doble que en porcino), además de presentar un 3 por ciento de ácido linolénico (1,37 por ciento en cordero, 0,70 en vacuno y 0,95 en porcino). Además, se caracteriza por un bajo contenido en colesterol comparado con el de otras especies.
La carne de conejo, al igual que otros tipos de carne, proporciona
cantidades apreciables de vitaminas del grupo B, las mismas que intervienen
en muchos procesos metabólicos. Destaca su contenido en niacina
y vitamina B12. También hay que resaltar el contenido de vitamina
E, que tiene importantes características antioxidantes y juega
un papel importante contra el envejecimiento celular.
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