Azúcar
El azúcar, soluble en agua, incoloro e inodoro, pertenece al grupo de los hidratos de carbono y constituye una de las mayores fuentes de energía en la dieta. Se extrae de la remolacha y la caña de azúcar y fue descubierto en la India, unos 4.500 años a.C.

 

Los expertos en nutrición consideran que, del total de calorías diarias, se ha de consumir entre un 55 y un 60 por ciento de hidratos de carbono y que, de ese porcentaje, del 10 al 20 por ciento debe estar constituido por monosacáridos (glucosa, fructosa y lactosa) y disacáridos (como la sacarosa, el azúcar).  
La principal función del azúcar es proporcionar la energía que nuestro organismo necesita para que funcionen nuestros órganos, ya que algunas células (como los glóbulos rojos y las neuronas) sólo pueden extraer dicha energía de la glucosa.
Por ello, sólo el cerebro es responsable del 20 por ciento del consumo de energía procedente de la glucosa; si ésta desciende, el organismo empieza a sufrir trastornos como debilidad, temblores e incluso torpeza mental.

No hay datos que prueben de forma fehaciente que su consumo aumente nuestro riesgo de sufrir un accidente cardiovascular, ya que los hidratos de carbono no parecen estar relacionados con los procesos aterogénicos (formación de placas de ateroma en las arterias) que los favorece. Aunque se han realizado numerosos estudios sobre la relación entre el consumo de azúcar y el infarto, no se ha podido demostrar que exista vinculación.

Azúcar y obesidad

En lo que se refiere a la obesidad (que sí es factor de riesgo cardiovascular), si es ingerido en dosis habituales por personas sin problemas de salud el azúcar no tiene relación directa con el aumento de peso. La obesidad se produce porque las calorías consumidas superan las calorías «quemadas» por el organismo, provengan éstas de las grasas, los azúcares o el alcohol.

Azúcar y desayuno cardiosaludable
Su consumo en el desayuno es fundamental porque es el momento del día en que el nivel de azúcar en nuestro organismo está más bajo y porque se trata de la comida más importante de la jornada: aquella en la que deben estar presentes la cuarta parte de la energía y nutrientes del día.

La palatabilidad
El sabor dulce (como el del azúcar) es el primero que el ser humano es capaz de distinguir nada más nacer, con lo que está asociado a sensaciones placenteras. Lo que los expertos denominan índice de palatabilidad, hace del azúcar un ingrediente esencial para consumir determinados alimentos entre grupos de población como los niños y mayores.

Clasificación de los azúcares

  El sabor dulce que encontramos en algunos alimentos procede de diferentes sustancias que, sin embargo, son idénticas en cuanto a su aporte nutricional y a la forma en que el cuerpo las metaboliza: todos deben descomponerse en azúcares simples (fructosa, glucosa y galactosa)
para poder pasar al flujo sanguíneo y de ahí a las células, donde el azúcar queda almacenado. Los azúcares son:

Sacarosa. Es el azúcar de mesa. Está compuesta a partes iguales por dos azúcares simples, la fructosa y la glucosa. Se encuentra naturalmente en la caña de azúcar y la remolacha azucarera, de donde se obtiene para su uso comercial.

Fructosa. Se encuentra en frutas y verduras, a veces en altas proporciones. Resulta aproximadamente un 50 por ciento más dulce que la sacarosa.

Glucosa. En frutas y verduras. Con la fructosa, forma la sacarosa.

Lactosa. Leche y productos lácteos. Es el único azúcar que no se descompone durante la digestión en fructosa y glucosa, ya que está compuesto por glucosa y galactosa.

 

 

 

 
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