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Azúcar El azúcar, soluble en agua, incoloro e inodoro, pertenece al grupo de los hidratos de carbono y constituye una de las mayores fuentes de energía en la dieta. Se extrae de la remolacha y la caña de azúcar y fue descubierto en la India, unos 4.500 años a.C.
Por ello, sólo el cerebro es responsable del 20 por ciento del consumo de energía procedente de la glucosa; si ésta desciende, el organismo empieza a sufrir trastornos como debilidad, temblores e incluso torpeza mental. No hay datos que prueben de forma fehaciente que su consumo aumente nuestro riesgo de sufrir un accidente cardiovascular, ya que los hidratos de carbono no parecen estar relacionados con los procesos aterogénicos (formación de placas de ateroma en las arterias) que los favorece. Aunque se han realizado numerosos estudios sobre la relación entre el consumo de azúcar y el infarto, no se ha podido demostrar que exista vinculación. Azúcar y obesidad En lo que se refiere a la obesidad (que sí es factor de riesgo cardiovascular), si es ingerido en dosis habituales por personas sin problemas de salud el azúcar no tiene relación directa con el aumento de peso. La obesidad se produce porque las calorías consumidas superan las calorías «quemadas» por el organismo, provengan éstas de las grasas, los azúcares o el alcohol. Azúcar y desayuno
cardiosaludable La palatabilidad Clasificación de los azúcares
• Sacarosa. Es el azúcar de mesa. Está compuesta a partes iguales por dos azúcares simples, la fructosa y la glucosa. Se encuentra naturalmente en la caña de azúcar y la remolacha azucarera, de donde se obtiene para su uso comercial. • Fructosa. Se encuentra en frutas y verduras, a veces en altas proporciones. Resulta aproximadamente un 50 por ciento más dulce que la sacarosa. • Glucosa. En frutas y verduras. Con la fructosa, forma la sacarosa. • Lactosa. Leche y productos lácteos. Es el único azúcar que no se descompone durante la digestión en fructosa y glucosa, ya que está compuesto por glucosa y galactosa.
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