Los alimentos integrales

Después de una época en que la industria alimentaria consiguió imponer en nuestras dietas los productos refinados (más pobres en fibras, vitaminas y minerales), se vive una vuelta sistemática a los alimentos naturales y equilibrados para nuestro organismo. En realidad, se trata de una cuestión estrictamente racional, ya que cuando consumimos un alimento resulta ilógico privarnos de una parte de su valor nutritivo. Los productos refinados pueden crear carencias, al presuponer que con ellos se están ingiriendo ciertos nutrientes, cuando en realidad es posible que no sea así. Para paliar esto, es cada vez más frecuente el enriquecimiento o suplemento nutritivo a que se someten día a día más alimentos, como leche, zumos, margarinas, yogures, aceites o harinas, a los que se añaden algunas de las vitaminas y minerales que pierden en su camino hasta nuestra mesa. De este modo se producen desequilibrios que hacen que muchas personas arrastren carencias de estos nutrientes y tengan exceso de otros. El español medio ingiere el doble de vitamina A de la necesaria, un 43 por ciento más de vitamina B2 y un 20 por ciento más de hierro y magnesio, lo cual en algunos casos podría ser peligroso (el margen entre la carencia y la toxicidad de algunas vitaminas y minerales es muy pequeño).


Estructura

Los productos integrales presentan muchas ventajas y atractivos claros. En primer lugar, su textura es más firme y crujiente, en oposición a los alimentos refinados, que suelen ser más blandos y uniformes. Nos ayudan a recuperar el ejercicio de la masticación, al que, por desgracia, se suele prestar poca atención. Con ella comienza en realidad la digestión, no solo por el triturado de los alimentos, que facilita una mayor superficie de contacto con los jugos gástricos, sino también por la presencia en la saliva de sustancias como la tialina, que inicia la descomposición de las féculas de cereales, legumbres y tubérculos, preparando su digestión.


Composición alimenticia

Su valor nutritivo también suele ser mayor, sobre todo en sustancias tan vitales como vitaminas, minerales y fibra. Algunas de ellas, como la vitamina B1, son necesarias para la asimilación de los carbohidratos, por lo que un cereal integral, además de ser más nutritivo, se asimilará en mayor medida que uno refinado. Otras vitaminas, cuyo papel se revela cada vez más importante para tener una buena salud, son las antioxidantes, fundamentalmente la vitamina A o betacaroteno, la E y la C. Las dos primeras, abundantes en el germen de los cereales, se pierden por completo cuando se elimina éste en el refinado. Ese germen, también contiene grasas poliinsaturadas, saludables y beneficiosas para el control del colesterol. Aunque los estudios realizados no son concluyentes, algunos indican que determinados aportes de betacaroteno, muy abundante por ejemplo en el germen de trigo, podrían reducir el riesgo de padecer enfermedades cardíacas.


Prevención

El papel de la fibra vegetal en la prevención de trastornos cardiovasculares es destacable especialmente en casos como el del salvado de avena, sobre el que hay estudios con resultados notables. Realiza también un papel importante en el correcto mantenimiento del sistema digestivo, en especial el intestino, contribuyendo a su higiene al arrastrar partículas que se adhieren a sus paredes, y a mejorar el peristaltismo, los movimientos que hacen avanzar los alimentos por el aparato digestivo. Si se ingieren cantidades suficientes de vegetales son innecesarios los suplementos de salvado e incluso poco aconsejables, pues esta fibra tiene la cualidad de fijar minerales y un exceso podría causar carencias de estas sustancias. Además, en personas con el intestino delicado, pueden crear irritaciones. Lo más aconsejable es obtener la fibra a través del consumo de productos vegetales integrales. En este sentido, es preocupante el descenso en su consumo. Según un estudio del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Severo Ochoa, de Madrid, los niños madrileños consumen cinco veces menos verduras y patatas de lo que recomienda el Ministerio de Sanidad. Sería muy importante corregir esos hábitos para no criar futuros enfermos.


Menos sal y azúcar

Otro de los efectos indirectos de los productos integrales es la reducción en el consumo de sal y azúcar. En el primer caso, debido a su sabor más intenso y su mayor contenido en sales minerales naturales, no es necesario añadir tanta sal a las recetas. En cuanto al azúcar, en casos como el de los cereales para el desayuno, los contenidos de esta sustancia son realmente altos. Los copos integrales de cereales son una alternativa saludable, nutritiva y natural para empezar la jornada. Muchos creen, erróneamente que los productos integrales aportan más calorías. Lo cierto es que, en general, suponen el mismo contenido calórico que sus homólogos refinados, e incluso en el caso de los cereales, ya que una gran parte es salvado que no aporta caloría alguna, su valor calórico puede ser incluso inferior.


 

 

 
Alimentos de la A a la Z
Conservación
Modos de cocinado
Publicaciones de la FEC
 
Todos los productos