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Desfibrilador
Es una escena frecuente de las películas «de médicos» aquella
en la que un facultativo intenta reanimar a un individuo inconsciente
aplicando sobre el pecho dos grandes placas metálicas que, unidas
mediante cables a un aparato, transmiten un descarga o choque
eléctrico. Lo que ese doctor intenta hacer es «desfibrilar»
el corazón. La desfibrilación se basa en que la aplicación brusca
y breve de una corriente eléctrica de alto voltaje detiene las
«arritmias rápidas» cardiacas: situaciones en las que el número
de latidos cardíacos aumenta en exceso debido a que alguna zona
o foco del corazón «dispara» impulsos de forma descontrolada.
Estos impulsos anormales se transmiten al resto del corazón
o al menos al resto de la cámara (aurícula o ventrículo) en
las que se originan los impulsos. Con frecuencia hay un mecanismo
que inicia estas arritmias en un instante determinado y otro
que las mantiene de forma autónoma; de modo que, si detenemos
la arritmia en un momento dado (mediante choque eléctrico),
esta arritmia se acabará y tardará en volver a aparecer. Lo
que permite, al médico, mientras tanto, identificar y solucionar
las causas que la produjeron.
Hay muchos tipos de arritmias rápidas con repercusión muy variable para el individuo. Desde no notar nada anormal o sólo unas «palpitaciones» hasta condicionar una pérdida brusca de conciencia con situación de «parada cardíaca». Una de estas arritmias que siempre condiciona la parada es la «fibrilación ventricular». De ahí que se llame «desfibrilación» a la maniobra que la neutraliza. Y «desfibrilador» al aparato que produce la energía para aplicar el choque eléctrico.
Puede resultar paradójico y hasta confuso aplicar la expresión «parada cardiaca» a lo que se deriva de una arritmia rápida. Sin embargo, cuando el corazón late tantísimas veces y de forma tan desorganizada no puede bombear la sangre y por tanto la actividad del corazón «se para». En estas condiciones la muerte sobreviene en pocos minutos si no se detiene la arritmia. La única medida que puede hacerlo de forma inmediata es la desfibrilación eléctrica.
Estos conocimientos han llevado al convencimiento de que, en las áreas hospitalarias donde hay pacientes más propensos a las arritmias graves, debe haber «acceso inmediato» a un desfibrilador. De hecho, esta filosofía se ha extendido de forma amplia, admitiéndose en la actualidad que en cualquier institución sanitaria debe haber una determinada «densidad» de desfibriladores. Incluso en años recientes se plantea un paso más: la existencia de desfibriladores en lugares públicos, como estadios o auditorios, donde al haber más concentración de público es estadísticamente más probable que ocurra una parada cardíaca. Pero no es fácil. Los desfibriladores son aparatos caros que pesan unos 10 kilos y ocupan el espacio de un maletín. Además, su difusión plantea el problema del personal que sepa diagnosticar una arritmia. Para soslayar este problema, han surgido desfibriladores semiautomáticos que al conectar los cables a la piel del individuo nos dicen si tiene o no una arritmia que precisa desfibrilación. Estos aparatos pueden ser usados por personal no médico, como sanitarios o bomberos.
DESFIBRILADORES IMPLANTABLES
Desde hace tiempo sabemos que a través de electrodos en íntimo contacto con el corazón se puede obtener la señal que permite conocer la actividad eléctrica del corazón y, por tanto, diagnosticar las arritmias desde dentro. Esto dio pie a la invención, en los años 80, de los «desfibriladores implantables», unos aparatos que no sólo diagnostican las arritmias rápidas sino que aplican desde dentro del cuerpo una energía suficiente para desfibrilar el corazón.
Su implantación, hoy en día, se ha simplificado notablemente. Ya no es preciso abrir el tórax; el electrodo se coloca a través de las venas y el generador se implanta superficialmente, por debajo de la clavícula. Sin embargo, aún subsisten algunos problemas. Los principales son que los choques son dolorosos y el aparato a veces confunde arritmias graves con otras benignas y administra choques innecesariamente.
Pese a todo, en conjunto es preciso afirmar que el descubrimiento y desarrollo de la desfibrilación (externa e interna) ha sido unos de los avances más importantes de la cardiología en las últimas décadas.
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