El Stent


La ateroesclerosis produce estrechamientos que impiden que la sangre fluya dentro de las arterias del corazón (arterias coronarias), lo que puede causar angina de pecho o infarto de miocardio. Existen fármacos muy eficaces, pero a veces es necesario resolver el problema mecánicamente: mediante cirugía pueden conectarse a las arterias coronarias otros conductos que "puentean" la zona bloqueada (el conocido "by pass").
La angioplastia es otra solución mecánica no quirúrgica que se realiza sin anestesia general y permite dar un alta muy precoz a los pacientes. La angioplastia convencional consiste en introducir un balón en la arteria femoral a través de un pinchazo en la ingle y llevarlo al corazón guiándose por rayos X. Al inflar el balón, la zona estrechada se dilata y la sangre fluye normalmente.
Aunque la decisión sobre el tratamiento debe individualizarse, se estima que la angioplastia es la opción preferible en un tercio de los enfermos coronarios. Sin embargo, hay que precisar que esta técnica tiene dos limitaciones. Por un lado, en el 5 por ciento de los casos la dilatación produce un cierre brusco de la arteria (oclusión aguda) y, por otra, la reproducción del estrechamiento (lo que se denomina reestenosis) obliga a reintervenir a más del 20 por ciento de los pacientes.
El molde dental que inventó Charles Stent (1845-1901) demostró que la sujección artificial de tejidos inestables mejora su cicatrización. Los «stent» son dispositivos metálicos con diversos diseños que se introducen en las arterias coronarias estrechadas después de dilatarlas y actúan "apuntalando" su pared. Ello evita la oclusión aguda y normaliza el interior de la arteria, reduciendo el riesgo de reestenosis. Las ventajas del «stent» se habían intuido ya hace tiempo, pero ha estado restringido su uso por la incertidumbre que existía sobre los efectos a largo plazo de este sistema y por el riesgo de coagulación de la sangre en contacto con el metal.
Hoy se sabe que si el «stent» se implanta correctamente no existe apenas riesgo de que la sangre coagule. El «stent» facilita, además, la angioplastia y reduce drásticamente sus riesgos, permitiendo el alta entre las 24 y las 48 horas posteriores al procedimiento, en la mayoría de los casos.
Diversos estudios han esclarecido en los últimos años las dudas acerca del beneficio que aporta el «stent»: se ha demostrado que reduce el riesgo de que se reproduzca la enfermedad en la zona tratada, es muy útil en pacientes con infarto agudo de miocardio y cuando se implanta en centros con mucha experiencia permite un tratamiento seguro y eficaz de los pacientes con enfermedad coronaria compleja o con afectación de varias arterias y puede evitar la cirugía a corazón abierto, que era el único método de tratamiento anteriormente.


 

 

 
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