Las prótesis valvulares


Un poco de historia
La primera operación a corazón abierto la realizó Gibbon en Filadelfia
(EE UU) en 1953. Siete años más tarde, Hufnagel, Harken y Starr comenzaron a sustituir las válvulas aórtica y mitral con prótesis mecánicas metálicas. Poco después, otros cirujanos propusieron y realizaron la sustitución de la válvula aórtica por la de un cerdo (heteroinjerto) o de otro humano fallecido (homoinjerto). Desde entonces se han producido muchos refinamientos técnicos, tanto en prótesis valvulares como en técnica quirúrgica, y en más de dos millones de personas se ha sustituido una o más válvulas.

¿Cuándo se reemplaza una válvula?
Tres grandes procesos obligan a la reparación o sustitución de las válvulas cardiacas. Las enfermedades congénitas del corazón producen deformidades de las válvulas desde la vida fetal. Las lesiones producidas por la fiebre reumática (generalmente infantil y como consecuencia de unas anginas mal curadas), causan la enfermedad mitral y aórtica (estenosis y/o insuficiencia). La incidencia de este tipo de afectación, producida por una bacteria, se ha reducido dramáticamente en los últimos años con el tratamiento de las infecciones amigdalares con antibióticos. Sin embargo, crece el tercer tipo de lesiones, las lesiones degenerativas, que aparecen en personas ancianas, por desgaste y calcificación. La más conocida es la estenosis aórtica calcificada del anciano, aunque la insuficiencia de la válvula mitral tampoco es infrecuente.
Cuando las válvulas cardiacas enferman se producen dos tipos de lesiones: el estrechamiento o fusión de la válvula (estenosis), que dificulta el vaciado del corazón, y las insuficiencias o cierre defectuoso que permite que la sangre regurgite en el corazón. Algunas lesiones producen pronto ahogo y fatiga (estenosis mitral) pero otras sólo dan síntomas en fases muy avanzadas de la enfermedad (estenosis aórtica). La cirugía se aconseja a las personas que tienen síntomas importantes que impiden una vida razonable para su edad o a pacientes poco sintomáticos cuya vida peligra a corto plazo por la naturaleza de la lesión.

·Tipos de prótesis

Para sustituir las válvulas cardiacas contamos con prótesis mecánicas y biológicas.

Las prótesis mecánicas
Las mecánicas más recientes están constituidas por un pequeño cilindro de carbón pirolítico en el que pivotan dos hemidiscos del mismo material. El carbón pirolítico es grafito bombardeado con átomos de carbón a muy altas temperaturas, convirtiéndose en un material casi tan duro como el diamante. Estas prótesis comienzan a presentar desgaste después de un equivalente a 80 años de funcionamiento. Además de la dureza, este material se ha elegido porque es muy poco trombogénico (poco proclive a producir trombos o embolias). Pocas compañías en el mundo tienen la tecnología para producirlo, y se ha usado primitivamente para recubrir las «piscinas» de las centrales nucleares y, después, en el fuselaje de la nave Columbia. Sin embargo, con el tiempo, las prótesis mecánicas se obstruirían, por lo que los pacientes precisan tomar diariamente, y de forma indefinida, anticoagulantes orales.

Las prótesis biológicas
A veces, los pacientes no desean tomar anticoagulantes porque quieren verse libres de medicamentos o desean seguir con la práctica de deportes de riesgo. Otras veces no pueden tomarlos por problemas médicos adicionales como úlcera de estómago, enfermedades preexistentes de la coagulación o tener una edad muy avanzada. Las mujeres que deseen gestar tampoco deben tomar anticoagulantes porque provocan, con frecuencia, malformaciones fetales. En estos casos es cuando se recomienda, en general, una prótesis biológica, ya que tienen muy poca tendencia a formar embolias o trombosis aún sin coagulantes.
Actualmente existen tres tipos de prótesis biológicas:
- Los injertos de la válvula aórtica de un cerdo montada en un anillo.
- Las construidas con la membrana que recubre al corazón (pericardio de vaca) y montadas también en un anillo
- Los injertos de válvula aórtica de cadáver humano (homoinjerto), que se cosen directamente sin anillo. Estas últimas son las menos utilizadas por las dificultades derivadas de su obtención.
El principal inconveniente de las prótesis biológicas es una duración limitada a 12-15 años. Después de ese tiempo tienen que ser reemplazadas, ya que se calcifican o se desgarran. Por esta razón sólo se utilizan en tres casos de cada diez.

Las prótesis valvulares han supuesto un gran avance en la calidad y esperanza de vida de los pacientes con lesiones graves de las válvulas cardiacas. La primera paciente que operó el Dr. Starr en 1960 para sustituir una válvula aórtica tuvo un hijo poco después de la cirugía y vivió 30 años más. Su esperanza de vida sin el recambio valvular hubiera sido de dos o tres años. Sin embargo, las prótesis actuales no son todavía perfectas, y los avances se producen lentamente por las restricciones que el Departamento de Salud de EE UU (FDA) impone a las nuevas prótesis. Cuando se idea una prótesis, se prueba primero en animales. Después se permite utilizarla sólo a unos pocos hospitales especialmente elegidos y en un número pequeño de casos. A los cinco años, si la prótesis se muestra igual o mejor que las disponibles, se permite su comercialización. Este proceso de aprobación, establecido para proteger a los pacientes, dura unos diez años.
Los portadores de prótesis cardíacas deben seguir luego bajo la vigilancia de un cardiólogo, para controlar la anticoagulación, evitar o tratar las infecciones que puedan asentarse en la prótesis y para seguir la evolución de la prótesis y del corazón.

 

 

 
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