Endocarditis infecciosa

Se entiende por endocarditis infecciosa la infección, ocasionada por un germen, del revestimiento interno del corazón (endotelio). La lesión característica provocada por esta enfermedad es la «vegetación» que se desarrolla habitualmente en las válvulas cardíacas. La endocarditis infecciosa puede producirse a cualquier edad, siendo más frecuentes en adultos mayores (la edad media de aparición es de 50 años). La mayoría de los pacientes con esta enfermedad tiene un trastorno previo que afecta a las válvulas cardíacas. Las lesiones cardíacas con más riesgo de endocarditis son las válvulas protésicas, endocarditis infecciosa previa, cardiopatías congénitas cianóticas, conducto arterioso permeable, valvulopatías aórtica y mitral, comunicación interventricular y coartación de aorta. También tienen alto riesgo los drogadictos por vía intravenosa. En cambio, existen enfermedades cardíacas que tienen un riesgo de endocarditis despreciable, como la comunicación interauricular, la enfermedad coronaria y los pacientes portadores de marcapasos.

El mecanismo que conduce a la endocarditis infecciosa es la unión de microorganismos (bacterias, generalmente) circulantes en el torrente sanguíneo a la superficie de las válvulas anómalas. Las bacterias se multiplican rápidamente, dañando más la válvula, y aumentando el tamaño de la vegetación; incluso puede formar un absceso, con el consiguiente «destrozo» y mal funcionamiento de la válvula.

La puerta de entrada de estos microorganismos al torrente sanguíneo puede ser variable: procedimientos dentales (en general todos aquellos que implican sangrado), procedimientos del tracto respiratorio (adenoidectomía, amigdalectomía, broncoscopia con broncoscopio rígido...), procedimientos del tracto gastrointestinal (esclerosis de varices esofágicas, dilatación esofágica, cirugía del tracto biliar, operaciones quirúrgicas que involucran mucosa intestinal...) y procedimientos genitourinarios (citoscopias, dilatación uretral, sondaje uretral en caso de existir infección urinaria, cirugía uretral si existe infección urinaria, cirugía prostática, histerectomía vaginal, parto vía vaginal con infección...). También es frecuente la endocarditis de las válvulas derechas del corazón (tricúspide y pulmonar) en adictos a drogas por vía parenteral por el daño directo en sus válvulas que causan las sustancias que se inyectan. Son muchas las especies de microbios que pueden causar una endocarditis, pero predominan las bacterias, y de éstas, estreptococos y estafilococos son las más frecuentes.

Dependiendo de la agresividad de la bacteria causante, la endocarditis puede ser aguda (evoluciona en días o semanas, provocada por gérmenes muy agresivos) o subaguda (su curso dura semanas o meses, causada por gérmenes de escasa virulencia).

Los síntomas de la endocarditis son muy variables, dependiendo del paciente y del tipo y agresividad del gérmen causante. Son típicos, en la endocarditis subaguda, fiebre, escalofríos, sudoración nocturna, malestar general, disminución del apetito, fatiga, debilidad, molestias musculoesqueléticas... Estos síntomas pueden durar varias semanas antes de llegar al diagnóstico. En la aguda son síntomas muy parecidos, pero de una gravedad acelerada y acentuada en sólo unos días. Pueden aparecer síntomas de insuficiencia cardíaca debido a la rotura de la válvula afectada.

El diagnóstico de la endocarditis es difícil (puede confundirse con otras enfermedades infecciosas mucho menos graves). Hay que sospecharlo en pacientes con antecedentes de valvulopatía que presentan fiebre, anemia y un soplo cardíaco de nueva aparición. En los pacientes en los que se sospeche la dolencia hay que realizar pruebas complementarias para poder llegar al diagnóstico (la radiografía de tórax y el electrocardiograma pueden ser normales). En los análisis es frecuente encontrar anemia y elevación de la velocidad de sedimentación, aunque estos datos no son específicos de esta enfermedad y pueden estar alterados en muchas otras patologías. Siempre hay que realizar hemocultivos (análisis de sangre para ver si crece algún germen en la sangre), que en esta dolencia, generalmente, son positivos, y detectar cuál es el microorganismo causante. Cuando se sospeche una endocarditis, hay que realizar siempre un ecocardiograma (con él podemos ver las vegetaciones, la rotura de las válvulas o los abscesos). A veces, si la sospecha es alta y el ecocardiograma transtorácico (ecografía por fuera de la pared del tórax) no ha llegado al diagnóstico, hay que realizar un ecocardiograma transesofágico (se introduce una sonda por el esófago) que visualiza mucho mejor las válvulas y es difícil que se escape alguna vegetación endocardítica que no se haya visto bien con el ecocardiograma transtorácico.

La evolución y el pronóstico de la endocarditis es muy malo siempre. Si no es tratada correctamente, es mortal. Con un tratamiento correcto se puede llegar a una tasa de curación del 95 por ciento. Los índices de curación son menores si existen factores de pronóstico desfavorable (endocarditis con insuficiencia cardíaca, gérmenes muy agresivos, infección de válvula protésica, abscesos y edad elevada).

El tratamiento es siempre con antibióticos intravenosos (el paciente ingresado en un hospital) y el tipo de antibiótico va a depender del tipo de germen hallado en el hemocultivo. Generalmente, la duración del tratamiento antibiótico intravenoso es de 4 a 6 semanas. El tratamiento quirúrgico, en ocasiones, es necesario cuando la endocarditis ha «destrozado»» la válvula afectada. Este tratamiento suele consistir en la extirpación de la válvula original infectada y la inserción de una válvula protésica.

En conclusión, la endocarditis infecciosa es una enfermedad muy grave, afortunadamente poco frecuente, que consiste en la «infección» de una (o varias) válvula del corazón. Los síntomas son bastante inespecíficos y pueden confundirse con otras enfermedades infecciosas. El diagnóstico y el tratamiento se deben realizarse lo más precozmente posible, porque sin un tratamiento adecuado (antibioterapia prolongada y, a veces, cirugía cardíaca) es siempre una enfermedad mortal.






 
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