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La incidencia de disfunción sexual en los pacientes con enfermedad cardiovascular es elevada. En los hombres se caracteriza por disminución del deseo y/o dificultad para la erección o eyaculación. La disfunción eréctil es una de las alteraciones mas frecuentes y se ha definido como la incapacidad persistente de conseguir y mantener una erección suficiente que permita una relación sexual satisfactoria. Por su parte, en las mujeres, suele describirse una disminución del deseo e insatisfacción sexual.

Distintos estudios han descrito la presencia de disfunciones sexuales en un alto porcentaje de pacientes cardiópatas, fundamentalmente tras un infarto agudo del miocardio (78%). En cualquier caso, estos trastornos también pueden asociarse con otras patologías cardiacas, como en los pacientes portadores de un desfibrilador automático (40%) y trasplantados de corazón (50%).

Complicaciones


Las causas de los trastornos sexuales en los cardiópatas son variadas, coexistiendo en ocasiones varias de ellas:

  • Edad avanzada
  • Anomalías en las relaciones de pareja
  • Falta de información
  • Patologías orgánicas o psicológicas
  • Fármacos

Hasta hace pocos años se consideraba que la mayoría de las alteraciones sexuales tenían fundamentalmente una causa psicológica. En nuestros días, parece demostrado que con la edad aumenta la frecuencia de alteraciones orgánicas que provocan disfunción sexual. Así, mientras en una persona joven los motivos de su trastorno suelen ser psicológicos, con el paso de los años es más habitual que se deba a una alteración orgánica. Si bien la edad trae consigo un descenso de la actividad sexual, ésta puede verse muy condicionada en aquellos pacientes cardiovasculares que además presenten algún deterioro en la capacidad física o la aparición de sintomatología junto con alteraciones psicológicas secundarias.

Dentro de las causas orgánicas, especialmente en los varones mayores de 50 años, lo más habitual es la existencia de una enfermedad vascular (60-80%). Otros problemas pueden ser de origen neurológico, hormonal o urológico. Parece que el nexo común entre enfermedad vascular y disfunción eréctil es la disfunción endotelial, lo cual explica la frecuente asociación de ambas patologías. Los trastornos sexuales también están estrechamente relacionados con los llamados factores de riego cardiovascular (hipertensión arterial, diabetes, hipercolesterolemia, tabaquismo), ya que lesionan el endotelio de los vasos sanguíneos.

Las causas psicológicas mas frecuentes de alteración sexual son la ansiedad y sobre todo la depresión. Tras un episodio cardiovascular es muy frecuente la aparición de diferentes grados de depresión, que pueden ser también la causa de disfunción sexual en estos pacientes.

Por otra parte, la mayoría de los medicamentos utilizados por las personas con enfermedades cardiovasculares (betabloqueantes, hipotensores, diuréticos, hipolipemiantes, etc.) pueden aumentar la incidencia de disfunción eréctil. Sin embargo, su empleo puede ser necesario para controlar algunos síntomas como la angina de pecho o la fatiga, lo cual paradójicamente mejorará la actividad sexual.

En resumen, se puede concluir que los pacientes con enfermedad cardiovascular tienen más posibilidades de padecer disfunción sexual, dada la presencia de una afectación vascular, las alteraciones psicológicas asociadas y la medicación que precisan para su tratamiento.

Actividad sexual


Los gastos energéticos requeridos en la actividad sexual son:

  1. Fase pre-orgásmica. 3,7 mets
  2. Fase orgásmica: 5 mets
  3. Fase post-orgásmica: 3,7 ,mets

La unidad de medida de la capacidad física o funcional es el met. 1 met equivale al consumo de 3,5 ml/k/minuto y representa el consumo de oxígeno de una persona de 70 kilos en reposo durante un minuto.

Estos cálculos son aproximados y varían en función de las características físicas de cada persona, el tipo de pareja (habitual o esporádica), la ingesta previa de alcohol o comidas muy abundantes, etc. La frecuencia cardiaca y la tensión arterial alcanzadas, así como la aparición de arritmias durante un encuentro sexual con tu pareja, suelen ser equivalentes a las que se presentan en otras muchas actividades de la vida cotidiana, como por ejemplo, subir dos pisos por las escaleras.

Para tranquilizar a los pacientes cardiovasculares que vayan a retomar su vida sexual, es importante hacer hincapié en que las posibilidades de muerte y el riesgo de infarto durante el coito son muy bajos. Algunos estudios han descrito que las personas sexualmente activas que sufren un infarto de miocardio sólo ven incrementado el riesgo absoluto en una posibilidad entre un millón.

Además, si el paciente se somete a una correcta valoración cardiológica su riesgo disminuirá notablemente. La ergometría es una prueba que le aporta al cardiólogo información sobre la capacidad física del paciente (consumo de oxígeno), así como del estado de su corazón respecto al esfuerzo (síntomas, respuesta de la tensión arterial y de la frecuencia cardiaca) y de la posible aparición de arritmias peligrosas. Por ello, debemos seguir en todo momento la recomendación individualizada que el cardiólogo realiza tras revisar los resultados de la ergometría:

  • Si no hay datos de isquemia miocárdica y la capacidad física es superior a 5 mets se puede reanudar la actividad sexual habitual.
  • La presencia de isquemia precoz o una capacidad física muy reducida pueden limitar o desaconsejar la actividad sexual.

Tratamiento

  • Información. Tras un episodio coronario, la ausencia de actividad sexual en una pareja que previamente mantenía unas relaciones satisfactorias, suele deberse al miedo a posibles complicaciones, como la reaparición de la angina de pecho o un nuevo infarto. La primera medida terapéutica que se debe tomar es acudir al médico y recabar información profesional de primera mano.
  • Hábitos sanos y cumplimento terapéutico. Tras recibir el alta hospitalaria, el paciente cardiovascular debe seguir las recomendaciones de su especialista:
    • En materia de alimentación
    • En lo relativo al abandono de hábitos nocivos (por ejemplo, el tabaco)
    • La toma de medicación
    • Para iniciar una actividad física progresiva
    • La reanudación de la actividad sexual

Sobre este último punto, aunque no existe una fecha fija recomendable para todas las personas, hay que decir que tampoco se debe tener prisa. Una vez en el domicilio, es posible que durante los primeros días la pareja tenga cierto miedo a retomar su vida sexual. Sin embargo, esta cautela irá desapareciendo poco a poco, a medida que el paciente empiece a desarrollar sin problemas otras actividades cotidianas que impliquen cierto ejercicio físico. Los expertos recomiendan reanudar las relaciones sexuales con nuestra pareja de forma natural, evitando momentos de cansancio, comidas muy abundantes y la toma de alcohol. Un buen momento puede ser por las mañanas, tras el descanso del sueño. Y por supuesto, si apareciese cualquier síntoma extraño, se debe consultar con el médico inmediatamente.

  • Ejercicio físico. Es fundamental iniciar precozmente la práctica de ejercicio, ya que el entrenamiento va a mejorar la situación física y psicológica del paciente. Gracias a ello aumentará su consumo de oxígeno, permitiéndole mantener una mayor actividad física sin padecer ninguna sintomatología. Incluso es frecuente encontrar a muchos pacientes que, tras implementar estas mejoras en sus hábitos de vida, se encuentran en mejor forma física que antes de su infarto. Evidentemente, esta situación provoca un efecto psicológico altamente positivo.

Los Programas de Rehabilitación Cardiaca multidisciplinares son muy efectivos en el tratamiento de la disfunción sexual. Por una parte, al existir una relación médico-paciente más estrecha durante varias semanas, se consigue ofrecer más y mejor información, así como aclarar las dudas que pueden surgir durante ese tiempo. Además, el entrenamiento físico y las actuaciones psicológicas que se realizan en las Unidades de Rehabilitación Cardiaca consiguen ampliar la capacidad física y disminuir la incidencia de depresión y ansiedad frecuentes tras un episodio cardiovascular. Sólo con estas medidas, se logra que un alto porcentaje de pacientes cardiacos reanude su vida sexual sin ningún tipo de problema.

  • Evaluación psicológica y tratamiento. Los Programas de Rehabilitación Cardiaca disponen de un equipo multidisciplinar de profesionales de la salud. Además del cardiólogo que evalúa la situación física del paciente y su enfermedad, estas unidades cuentan con psicólogos y psiquiatras que les hacen un tratamiento específico e individualizado cuando el caso lo requiere. Entre otras consecuencias, la depresión es una causa frecuente de disfunción sexual que debe ser diagnosticada y controlada por especialistas, ya que en ocasiones precisará incluso tratamiento farmacológico.
  • Tratamiento farmacológico. En los casos en que no mejore la disfunción eréctil a pesar de las medidas comentadas, los profesionales optarán por prescribir alguno de los productos farmacéuticos aparecidos en los últimos años y que han demostrado su efectividad en el tratamiento de este trastorno en pacientes cardiópatas. Se trata de los llamados inhibidores de fosfodiesterasa:
    • Sildenafilo (Viagra®)
    • Vardenafilo (Levitra®)
    • Tadalafilo (Cialis®)

Estos medicamentos actúan aumentando el flujo sanguíneo del pene, siempre y cuando exista un estímulo sexual adecuado. Este grupo de fármacos deben ser prescritos por el médico, pues no están exentos de efectos adversos.

No podrán tomar estos medicamentos aquellos enfermos que en su tratamiento para la cardiopatía estén utilizando nitratos (bien por vía oral, como el nitrato de isosorbide o nitroglicerina en parches) o cualquier otro fármaco que sea donador de óxido nítrico.

Los inhibidores de fosfodiesterasa están totalmente contraindicados si se utiliza cualquiera tipo de nitrato, incluso los sublinguales. Esto se debe a que los pacientes en tratamiento con nitratos presentan niveles elevados de óxido nítrico en la circulación, mientras estos otros fármacos potencian el efecto vasodilatador del óxido nítrico -al inhibir la enzima fosfodiesterasa presente en las células del músculo liso vascular-, dando lugar a una significativa reducción de la presión arterial.

Por ello, en el caso de pacientes con angina no se deben utilizar nitratos hasta 24 horas después de la toma de sildenafilo o vardenafilo, y hasta pasadas 48 horas en el caso de tadalafilo.

Como efectos secundarios, estos fármacos pueden ocasionar dolor de cabeza, enrojecimiento y congestión nasal que disminuyen o desaparecen tras su utilización continuada.

Su uso no se recomienda en caso de:

o Insuficiencia cardiaca no controlada, especialmente si existe tendencia a la hipotensión.

o En pacientes con insuficiencia renal o hepática grave.

o En algunas enfermedades oftalmológicas, como la retinitis pigmentaria.

Otra medicación utilizada es la Apomorfina (Uprima®), que actúa a nivel cerebral aumentando el estímulo pro-eréctil. Se ha demostrado más efectiva si existe poco grado de afectación vascular y cuando la causa principal del trastorno es psicológica. Como efecto secundario destaca la posibilidad de producir nauseas.

  • Tratamientos no farmacológicos. Otras opciones terapéuticas son los dispositivos de vacío, las inyecciones intracavernosas, y la implantación de prótesis.

o Dispositivos de vacío. Provocan la erección realizando un vacío en el pene, que se mantendrá gracias a un anillo que se coloca en la base para evitar la salida del flujo sanguíneo.

o Inyecciones intracavernosas. En los pacientes con enfermedad cardiovascular no suele recomendarse su uso de debido a la toma de medicación antiagregante y/o anticoagulante.

o Prótesis de pene. Como último tratamiento se puede valorar la implantación de prótesis de pene.

Finalmente, merece la pena insistir en que cualquier tratamiento para tratar la disfunción sexual, ya sea farmacológico o no, debe ser valorado cuidadosamente por el médico, especialmente en pacientes con angina de medianos a pequeños esfuerzos o patologías no controladas como arritmias, insuficiencia cardiaca o hipertensión arterial. En estos casos, la actividad física, y por tanto las relaciones sexuales, pueden estar contraindicadas hasta que se garantice el control de los síntomas cardiológicos.

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