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Salud cardiovascular y mujer
Hasta hace poco tiempo una de las ideas preconcebidasmás
extendida -peligrosa y errónea- era aquella que precisaba
que sólo los hombres debían preocuparse por la incidencia
de las enfermedades cardiovasculares. Por desgracia, la realidad
es que entre las mujeres este tipo de dolencias es la primera
causa de mortalidad, por encima incluso del cáncer de mama.
Los últimos estudios cifran que una de cada ocho mujeres
por encima de los 45 años padece un problema cardiovascular
o ha sufrido una angina de pecho o infarto de miocardio. Y que
la mortalidad por su causa, a partir de los 75 años, se
iguala a la que se registra entre los varones.
Este cúmulo de circunstancias lleva a una conclusión
categórica: las mujeres deben tomar
la iniciativa y aprender a prevenir los factores de riesgo que
conducen a una enfermedad cardiovascular; a detectar los síntomas
de estas dolencias (para así recibir cuánto antes
ayuda médica) y a colaborar en la salud de su familia educando
a sus hijos en unos hábitos de vida cardiosaludables que
les convierta en adultos conscientes de su salud cardiaca.
Una vez conocida esta realidad, la primera actitud de la mujer
debe ser conocer e informarse sobre todo aquello que constituye
o puede, con el tiempo, constituir un factor de riesgo para su
salud cardiovascular.
Los fasctores de riesgo
Los
llamados factores de riesgo son aquellas circunstancias, comportamientos
o hábitos de vida que colaboran en la aparición
de la enfermedad cardiovascular y que si se actúa sobre
ellos no sólo previene la aparición de dichas dolencias
sino que puede mejorar de forma significativa su tratamiento.
Dentro de los factores de riesgo existen dos categorías:
aquellos que no son modificables (y por tanto nada se puede hacer
contra ellos) y los modificables, que permiten a la mujer actuar
y tomar las riendas de su propia salud.
Factores no modificables:
Sexo: Las mujeres no están
exentas de sufrir una enfermedad cardiovascular, pero sí
suelen desarrollarla de forma más tardía.
Edad: En edades avanzadas, las mujeres
tienen el doble de probabilidades de morir tras un ataque al corazón
que los hombres.
Herencia: Los hijos de padres que
padecen dolencias cardiacas tienen más probabilidades de
sufrirlas.
Factores no modificables
Edad, sexo y herencia
Factores modificables
Colesterol, tabaco, hipertensión, diabetes, obesidad, sedentarismo
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Factores no modificables:
Edad, sexo y herencia.
Factores modificables: Colesterol, tabaco,
hipertensión, diabetes, obesidad, sedentarismo...
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Factores modificables:
Colesterol:
El riesgo de desarrollar una enfermedad coronaria se incrementa
según aumentan los niveles de colesterol en sangre (una
realidad que se ve favorecida por circunstancias como la edad,
el sexo, la herencia (sométase a un control más
riguroso si en su familia hay casos de hipercolesterolemia o alguien
ha sufrido un infarto de miocardio, un ataque cerebral o una angina
de pecho), la dieta alimenticia o el ejercicio físico que
se realice. El riesgo de enfermedad cardiovascular que el colesterol
lleva inherente se incrementa, además, si a él se
suman otros factores como la hipertensión o el tabaco.
Y ¡muy importante!: la mujer sigue ejerciendo un papel prioritario
en la alimentación de su familia, de ahí que sus
hábitos, consejos y costumbres a la hora de elaborar la
dieta diaria tengan una incidencia directa en la salud de cada
uno de los miembros de la unidad familiar. ¡Un regreso a
la dieta mediterránea puede mejorar la salud cardiovascular
de los tuyos!
Tabaquismo: El tabaco es la primera
causa de muerte en el mundo más fácil de prevenir.
Y lo es también en lo que se refiere a las mujeres y su
salud cardiovascular. Se trata de algo tan simple aunque
reconozcamos su dificultad como dejar de fumar. No importa
cuánto tiempo lleve fumando o cuántos cigarrillos
consumiera: en el momento de abandonar el tabaco su salud mejora
y su riesgo cardiovascular comienza a descender. Y, además,
si deja de fumar ¡no sólo mejorará sustancialmente
su salud sino también la de todos los fumadores pasivos
que le rodean!
Hipertensión: La presión
sanguínea elevada ejerce un efecto inmediato sobre su salud
cardiovascular: aumenta el esfuerzo que debe realizar el corazón,
incrementa el riesgo de infarto cerebral, ataque al corazón,
fallo renal y fallo cardiaco congestivo. Si se suma a la hipertensión
la obesidad, el tabaco, el colesterol alto o la diabetes el riesgo
de infarto o infarto cerebral se multiplica. En las mujeres, además,
hay dos momentos en los que es fundamental detectarla (la hipertensión
es un mal «silencioso») y controlarla: el embarazo
(que puede afectar tanto a la madre como al feto) y la menopausia
(una fase en la que suele haber un porcentaje de mujeres que desarrollan
un aumento de la tensión arterial).
Diabetes: Esta enfermedad (que impide
al organismo producir o responder adecuadamente a la insulina,
la responsable de que el organismo use o metabolice la glucosa)
incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Se puede
controlar con ejercicio, una dieta pobre en grasa, el cumplimiento
de los tratamientos y los controles regulares.
Obesidad: La obesidad no es sólo
un problema estético: es un problema de salud. La persona
obesa obliga a su corazón a aumentar su esfuerzo y suele
presentar altos niveles de colesterol, hipertensión, diabetes,
accidentes cerebrovasculares y coronariopatías.
Dejar de fumar ejerce un efecto positivo instantaneo en el organismo
Sedentarismo: La falta de actividad
física es un importante factor de riesgo. Podemos reducirlo
con un ejercicio de forma regular (y de moderado a intenso): ayuda
en el control del colesterol, la obesidad, la diabetes y, en algunos
casos, puede reducir los niveles de tensión arterial.
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