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Inicio / Multimedia / Blog Impulso Vital / Musicoterapia: un vehículo para la salud
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La música ha existido en todas las culturas, por lo que se ha considerado el lenguaje universal. El uso de sonidos, piezas musicales y estructuras rítmicas puede conseguir diferentes resultados terapéuticos directos e indirectos a nivel psicológico, psicomotriz y orgánico.

La antigua sociedad egipcia utilizaba la música como “medicina del alma”, los griegos la recetaban a personas con trastornos emocionales, en la Edad Media se entendía como un vehículo para la emoción sagrada y en el Renacimiento se destacó la interrelación entre música y medicina. Pero no es hasta los siglos XIX y XX cuando se comienza a investigar sobre los efectos de la música sobre el organismo, atribuyéndole poderes calmantes, incitantes y armonizantes. Así, en la Primera Guerra Mundial los hospitales de veteranos contrataban músicos como ayuda terapéutica; esta experiencia fue tan valiosa que sirvió para que los médicos la tomaran en cuenta, tanto que en 1950 se fundó la Asociación Nacional de Terapia Musical en Estados Unidos. Desde este momento se profundizó en el estudio de la música como una alternativa más de tratamiento en diversas enfermedades y apareció el término de musicoterapia.

Música clásica

El sonido y la música son un suplemento más en el tratamiento para sanar enfermedades:

  • Ansiedad: Las cuatro estaciones, de Vivaldi; Concierto de Aranjuez, de Rodrigo.
  • Depresión: Música acuática, de Haendel; Sinfonía nº 8, de Dvorak.
  • Cefalea: Sueño de amor, de Listz; Serenata, de Schubert.
  • Hipertensión: Serenata nº 13 en sol mayor, de Mozart.m
  • Insomnio: Nocturnos, de Chopin; Preludio para la siesta de un fauno, de Debussy.

¿Para qué sirve?

Se conocen múltiples aplicaciones de la musicoterapia dirigidas a prevenir, recuperar y/o rehabilitar en el ámbito de la salud. En general, esta disciplina sirve para:

  • Reducir el estrés.
  • Potenciar la capacidad de resolver problemas.
  • Aumentar la creatividad.
  • Mejorar la autoestima y la comunicación asertiva.
  • Favorecer las relaciones interpersonales.

En particular, se ha encontrado que lainfluencia de la música en intervenciones quirúrgicas disminuye la angustiadel paciente antes de la operación y reduce los umbrales de percepción deldolor al despertar de la anestesia. Con personas drogodependientes, potencia la autovaloración, la autoconciencia o la autonomía. En trastornos de la conducta alimentaria (anorexia y bulimia), mejora la imagen de uno mismo, influye en el estado de ánimo y eleva el nivel de tolerancia a la frustración, lo que se traduce en más seguridad y
mayor confianza. Durante el embarazo, la comunicación madre-hijo se va ampliamente favorecida cuando se aplican estímulos sonoro-musicales y durante el parto se puede conseguir con la música un ambiente cálido y tranquilo, que favorezca la disminución de la ansiedad.

En personas con discapacidad —física o mental— la música puede controlar la hiperactividad, ayudar a mantenerla atención o facilitar la expresión de emociones. Durante los procesos de rehabilitación física, facilita la movilidad del sistema músculo-esquelético a la vez que reduce el dolor asociado a los movimientos. La música tiene mucho que ofrecer y, en este sentido, el uso terapéutico de ella es algo que poco a poco se va afianzando en ámbitos como el sanitario y el educativo, puesto que produce cambios a nivel físico, psicológico y socio-afectivo.

Para hacer en casa

  1. Realizar una ficha de identidad sonora rellenando los siguientes datos: de dónde soy; música de mis padres; infancia de 0-12 años: canciones de cuna, del colegio, de dibujos,excursiones... Sonidos de la infancia; adolescencia: música que te gustaba; sonidos que te gustan y sonidos que no te gustan ahora; música actual que te gusta y que no te gusta.
  2. Descubrir la cantidad de sonidos que pueden estar “dormidos” en una habitación, como, por ejemplo, al golpear la mesa, abrir la ventana, mover una caja...
  3. Dibujar con pintura de dedos lo que nos sugiere la música que escuchamos.
  4. Con los ojos cerrados, mover las diferentes partes del cuerpo siguiendo la música y desplazarse rítmicamente por el espacio de la sala.

Piezas ideales para niños

Cada pieza musical produce sensaciones diferentes en cada uno de nosotros. Te recomendamos algunas para los más pequeños:

  • Sinfonía nº 101, El reloj, de Haydn.
  • La bella durmiente, de Tchaikovsky.
  • Sinfonía de los juguetes, de Mozart.
  • La máquina de escribir, de Anderson.
  • Conciertos de Brademburgo, de Bach.

Autora

Fátima Izquierdo Botica. Psicóloga especializada en Terapia cognitivo-conductual

Artículo publicado en el número 58 de la Revista 'Corazón y Salud'

 

 

 

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