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Inicio / Pacientes / Enfermedades / Ductus arterioso

El ductus arterioso o conducto arterioso es un pequeño vaso que comunica la aorta con la arteria pulmonar. Está normalmente abierto en el feto, pero se cierra justo después del nacimiento (en la mayoría de los casos durante los primeros tres días de vida, aunque puede permanecer abierto hasta varios meses después). 

La persistencia de este conducto condiciona un 'cortocircuito' entre la circulación sistémica y la pulmonar: se produce la mezcla de sangre oxigenada de la circulación sistémica que va por la aorta y la sangre con poco oxígeno que circula por la arteria pulmonar, lo que al final produce que al organismo se mande sangre con menos oxígeno del normal. Esta anomalía es dos veces más frecuente en mujeres que en hombres. 

Causas

Algunos recién nacidos tienen más probabilidades de padecer un ductus arterioso persistente, especialmente los prematuros (a menor edad gestacional más probabilidades de presentar retraso de cierre del ductus). Problemas pulmonares, con el síndrome de distrés respiratorio (por déficit de una sustancia que recubre el interior de los pulmones), y que el niño presente muy bajo peso al nacer también están relacionados. El ductus arterioso permeable es un defecto cardiaco congénito común y puede aparecer junto con otros defectos cardiacos.

Síntomas

Los niños con un ductus pequeño pueden no presentar síntomas observables. Sin embargo, aquellos con aberturas grandes sí suelen padecerlos. Los síntomas/signos más comunes del ductus arterioso persistente son:

  • Dificultad para respirar
  • Cianosis (color azulado de la piel)
  • Retraso en el desarrollo
  • Cansancio
  • Soplo cardiaco
  • Cardiomegalia (agrandamiento anormal del corazón)

Diagnóstico

La exploración física es fundamental, en especial, la auscultación del corazón para determinar si hay un soplo cardiaco característico, algo muy común con el ductus arterioso persistente. El ecocardiograma confirma el diagnóstico. Otros procedimientos que pueden ayudar al diagnóstico son: electrocardiograma, radiografía de tórax, y, en ocasiones, cateterismo cardiaco cuando se sospecha la existencia de otros defectos asociados.

Tratamiento

El tratamiento específico del ductus arterioso será determinado por el médico basándose en la edad del paciente, la gravedad de la enfermedad (ductus pequeño o grande) y los síntomas que presente. En función de esto, se puede tomar la opción de observar y controlar periódicamente al niño o bien realizar un tratamiento dirigido al cierre del ductus.
Los ductus arteriosos permeables pequeños pueden no requerir tratamiento o cerrarse espontáneamente.
En niños prematuros se suele utilizar fármacos antiinflamatorios, como ibuprofeno o indometacina. Si el ductus arterioso permeable no responde al medicamento, en algunos casos es necesario cerrarlo percutáneamente (con un cateterismo) o con cirugía.

Contenido revisado por:

Dra. Laura Higueras Ortega
Residente de Cardiología del 2º año en el Consorcio Hospitalario General Universitario de Valencia. Licenciada en Medicina por la Universidad de Valencia (2004-2010)

 

Última revisión: febrero de 2015

 

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