La actividad física que requiere una relación sexual se compara con la necesaria para subir dos pisos de escaleras. Si usted es capaz de subir dos pisos de escaleras sin tener dolor en el pecho o fatiga excesiva, será capaz, desde el punto de vista físico, de mantener relaciones sexuales plenas.
La actividad sexual en los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio puede ser lo más normal posible y, en muchos casos, absolutamente similar a las personas sin enfermedad coronaria. En líneas generales, puede reanudarse a las dos semanas del alta hospitalaria, pero consulte siempre con su médico.
Las disfunciones en la vida sexual de los pacientes coronarios suelen tener tres orígenes diferenciados pero relacionados entre sí. Por una parte está el propio proceso orgánico de la arteriosclerosis y los factores de riesgo que la desencadenan o contribuyen a su empeoramiento (diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia...); por otra, están los factores psicológicos, como la ansiedad y la depresión, y finalmente, algunos fármacos que pueden alterar la función sexual. A veces es difícil dirimir si el origen de la disfunción sexual es orgánica o psicológica; frente a ello, consulte siempre con su médico.
Sí. Pero la actitud que se ha de tomar es la de hablar con sinceridad a su pareja de sus miedos e inquietudes, y solicitar la ayuda de un especialista si es necesario. No se sienta nunca avergonzado ni rechace pedir ayuda o apoyo.
Es necesario tener en cuenta que existen amplias variaciones en los gastos energéticos durante el acto sexual dependientes de factores como el estado físico del paciente y su pareja, de la excitación, de la ingesta abundante de comida antes de la actividad sexual, de si la relación es extraconyugal, etc.
La disfunción eréctil y otros trastornos sexuales físicos no son consecuencia de la pérdida de interés en el sexo, aunque sí pueden estar directamente relacionados. La existencia de una enfermedad de este tipo puede ser una causa psicológica que nos lleve a limitar o, incluso, a renunciar a nuestra vida sexual.
Normalmente, después de un infarto, un by-pass, una angioplastia..., el médico le someterá a un test de esfuerzo (vulgarmente conocido como "la cinta"). Si puede caminar y subir la pendiente durante más de 6 minutos, también estará capacitado para volver a practicar sexo sin problemas. Las necesidades del corazón durante el coito son menores al esfuerzo realizado en esta prueba.
La medicación no tiene que condicionar nuestra práctica sexual. Si le han recetado nitroglicerina en parche, no se lo retire durante el coito, colóquelo en lugares que no le molesten. Recuerde que puede ponerse también en brazos, espalda, abdomen y pecho. En cualquier caso, consulte a su médico para sentirse más seguro.
No existen estudios sobre los gastos energéticos en las relaciones homosexuales. De lo que sí hay constancia es de que la automasturbación, o la realizada por la pareja, eleva la frecuencia cardiaca en menor proporción, por lo que se considera como una alternativa en determinadas situaciones sociales o cardiológicas.
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