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Reacción de lucha o huida |
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| Son incontables los
ejemplos históricos en los que un individuo, sometido a una situación
de estrés límite, que pone en peligro su vida, saca fuerzas
de no se sabe dónde y hace frente con éxito al desafío.
El organismo permite al ser humano con esta reacción hacer frente
al peligro o huir. Pero, ¿cómo funciona? La principal
área de integración de esta respuesta se encuentra en el
hipotálamo. Cuando esta zona se estimula se eleva la presión
arterial, la frecuencia cardiaca, la contractilidad miocárdica
y el flujo sanguíneo muscular, produciéndose una redistribución
del flujo sanguíneo de otras vísceras, como los riñones.
Se trata de optimizar la energía para luchar o huir. Se observan
respuestas cardiovasculares similares cuando se somete a un sujeto a estrés
mental. Parece que existe, además, un sustrato genético
que podría influir en las respuestas neurohormonales ante un estímulo
emocional. Lo que produce esta movilización general del organismo es la segregación de la adrenalina y la noradrenalina, dos hormonas que generan toda la energía «extra» de la que puede disponer el cuerpo. Esto, no obstante, podría tener secuelas negativas. Varios trabajos experimentales han demostrado que después de someter a animales a situaciones de intenso miedo o ira, se produce una elevación de la adrenalina y la noradrenalina circulantes; un hecho que se ha asociado a una mayor vulnerabilidad para sufrir arritmias ventriculares graves. |
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