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Estrés y corazón |
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Hay un factor asociado
con el estrés que puede contribuir a la enfermedad coronaria (además
de lo que el estrés influye en factores de riesgo cardiovascular
como el colesterol): el aumento de la coagulabilidad sanguínea.
Se ha comprobado que existe una relación directa entre la función
de las plaquetas y el estrés emocional, de tal forma que sujetos
normales sometidos a un estrés agudo incrementan la capacidad de
agregación de las plaquetas; de que la sangre se haga más
espesa y de que se produzca un infarto. Este fenómeno se ha visto,
del mismo modo, en pacientes que han sufrido un infarto de miocardio .
Varios efectos fisiológicos de la ira bien documentados hacen plausible la hipótesis de que un ataque de ira puede desencadenar un infarto de miocardio. Se sabe que el estrés mental puede aumentar la frecuencia cardiaca, la presión arterial y las demandas de oxígeno del corazón. Experimentos en animales han confirmado que la ira aumenta la resistencia vascular coronaria e induce alteraciones isquémicas en el electrocardiograma. También se ha encontrado una relación entre los episodios de ira y la producción de espasmos en las coronarias, sobre todo si estas presentan estrecheces. La muerte súbita la puede producir tanto factores de conducta como neurales. Cambios en el modo de vida producidos por el divorcio, el despido laboral y el estado de ánimo afligido pueden precipitarla, pero depende de cómo responda, cómo lo encaje el organismo de cada uno. Se ha relacionado también el grado de estrés psicosocial tras un infarto de miocardio con la predisposición a padecer arritmias ventriculares identificadas mediante registro ambulatorio electrocardiográfico (Holter). |
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