
Los beneficios del ejercicio físico están totalmente demostrados en pacientes cardiovasculares, constituyendo uno de los componentes terapéuticos principales de los programas de rehabilitación cardiaca.
En el caso de los enfermos cardiovasculares, el entrenamiento físico produce una serie de modificaciones en diferentes órganos (el corazón, los pulmones, los músculos…) que resultan muy beneficiosas. Aquellos pacientes que siguen un programa de rehabilitación cardiaca con entrenamiento físico tras infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca o revascularización, además de prevenir la aparición de complicaciones y mejorar la calidad de vida, también consiguen reducir el número de reingresos hospitalarios.
Efectos beneficiosos
Estas son algunas de las ventajas que pueden extraerse del entrenamiento.
En el caso de pacientes con enfermedades cardiacas, el entrenamiento físico está indicado por su efecto terapéutico. En general, se recomienda realizar programas de rehabilitación cardiaca que incluyan entrenamiento habitual en los siguientes casos:
Las contraindicaciones para realizar entrenamiento son aquellas enfermedades cardiacas que supongan una obstrucción importante en la salida de la sangre del corazón hacia las arterias, como la estenosis de la válvula aórtica moderada-severa o la miocardiopatía hipertrófica obstructiva. En estos casos, mientras no se corrija la obstrucción, sólo se recomienda actividad física de baja intensidad y con carácter recreativo. Tampoco debe realizarse entrenamiento de cierta intensidad en los casos de aneurisma de la arteria aorta.
Existen también situaciones de contraindicación relativa, es decir, estados en que no se debe realizar entrenamiento físico hasta que no se controle la enfermedad. Son los siguientes:
Tipo de ejercicio. Hay dos tipos principales de ejercicio físico, cuyos efectos para el organismo resultan diferentes:
Dinámico o aeróbico. Aporta mayores efectos beneficiosos a nivel cardiovascular. El ejercicio aeróbico requiere predominantemente un trabajo muscular dinámico. Sus características son:
Estático o anaeróbico. Mejora la fuerza muscular y la flexibilidad. Sus características son:
A veces resulta complejo distinguir entre ejercicio aeróbico y anaeróbico, ya que muchos deportes y la mayoría de las actividades de la vida diaria suelen combinar ambos componentes.
Los ejercicios de tipo estático pueden complementar el entrenamiento dinámico, pero no se recomiendan como actividad física aislada para mejorar la salud, ya que cada uno de ellos presenta una respuesta cardiovascular diferenciada.
En las personas con enfermedades cardiovasculares siempre se ha recomendado realizar fundamentalmente entrenamiento aeróbico. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha demostrado que la introducción de ejercicios de tipo isodinámico (con pesos leves y muchos movimientos) puede ser beneficiosa para aumentar la fuerza y potencia muscular. En personas de muy baja forma física, estos ejercicios mejoran su capacidad para realizar tareas cotidianas.
Intensidad. Es el grado de esfuerzo que requiere un ejercicio. Casi todo el mundo puede realizar alguna actividad física, pero la intensidad variará según la edad, la forma física y las características de la enfermedad cardiovascular.
Por ello, antes de iniciar la práctica de ejercicio físico, los cardiópatas deben someterse a una valoración previa que incluirá la realización de una prueba de esfuerzo o ergometría. De esta manera, el especialista podrá prescribir el ejercicio de forma segura y efectiva.
La intensidad del entrenamiento aeróbico en los pacientes cardiópatas se calcula dos formas:
Otra posibilidad para calcular la intensidad del entrenamiento se basa en la sensación de esfuerzo que tenga la persona mientras realiza el ejercicio. Existen unas tablas que numeran la sensación subjetiva de esfuerzo. La más utilizada es la escala de Börg.
El entrenamiento isométrico recomendado suele basarse en ejercicios que combinan poco peso con mucho movimiento. Por ejemplo, series de ejercicios de brazos con pesas de 1 ó 2 kilos. Las sesiones se iniciarán siempre con un periodo de calentamiento en el que se realizan ejercicios a menor intensidad para preparar el sistema muscular y el corazón. Después empieza el entrenamiento planificado, con sus componentes aeróbico e isométrico prescritos, finalizando con un periodo de enfriamiento o vuelta a la calma. En esta última fase se disminuye progresivamente la intensidad del ejercicio y se realizan ejercicios de estiramiento para evitar lesiones musculares.
Duración. Respecto a la duración de las sesiones, comenzaremos por periodos cortos de tiempo (10-20 minutos), aumentando progresivamente (30-60 minutos) siempre que sea posible.
Frecuencia. La frecuencia varía según la situación del paciente. El entrenamiento aeróbico puede empezar con 3-5 días por semana y aumentar luego a no menos de 4 días (lo ideal es todos los días de la semana). El ejercicio isométrico se recomienda 2 días a la semana.
Control. En los programas de rehabilitación cardiaca se realiza inicialmente una estratificación del riesgo para decidir el grado preciso de supervisión cardiológica, así como los cuidados del resto de personal sanitario que interviene en el entrenamiento. Según esta valoración, se establece también el tiempo de vigilancia mediante sistemas de telemetría en los que se controla el ritmo cardiaco del paciente durante las sesiones de ejercicio. Además, diariamente se mide la presión arterial y la frecuencia cardiaca en reposo, comentando con el paciente su situación física y la presencia de posibles síntomas.
Aunque la práctica de ejercicio físico regular produce efectos muy beneficiosos, también puede provocar alteraciones a diferentes niveles, como complicaciones cardiovasculares e incluso la muerte. Por ello, la existencia de una enfermedad cardiaca obliga a realizar un perfecto diagnóstico de la misma y del estado funcional del paciente para prescribir con seguridad el ejercicio a realizar.
Por un lado, el entrenamiento puede provocar la aparición de lesiones por traumatismos al realizar un ejercicio o actividad deportiva. También, la mala planificación del ejercicio puede dar lugar a lesiones articulares o de columna. Además, cuanto mayor es la intensidad en la realización del ejercicio, más alto es también el grado de lesión, sobre todo a edades avanzadas. Por ejemplo, la afectación de rodillas y caderas será más significativa en adultos que corren, en lugar de caminar rápido, sobre todo si tienen sobrepeso.
En cualquier caso, los riesgos de la práctica del ejercicio son bajos si se realiza una correcta valoración del paciente cardiovascular y una planificación adecuada del entrenamiento.
Diferentes estudios publicados en revistas médicas han revisado las complicaciones aparecidas en programas de entrenamiento. En todos ellos se concluye que los episodios cardiacos producidos durante la práctica de ejercicio se reducen significativamente si dan estos tres requisitos:
El Council Scientific Affairs de la Asociación Médica Americana, tras el análisis de los programas de ejercicios supervisados para enfermos coronarios, considera que la incidencia de complicaciones es aceptable en relación a los beneficios obtenidos.
En este bloque abordamos algunas especificaciones de ejercicio dirigidas a pacientes con insuficiencia cardiaca crónica o disfunción del ventrículo izquierdo.
Las personas diagnosticadas de insuficiencia cardiaca (IC) que estén en situación clínicamente estable deben hacer ejercicio físico. Se han realizado estudios que demuestran que un programa de entrenamiento habitual, además de mejorar su calidad de vida, disminuye los ingresos hospitalarios por nuevos episodios de insuficiencia cardiaca y retrasa la mortalidad.
La IC puede estar motivada por diferentes causas, como la enfermedad coronaria (por ejemplo tras un infarto de miocardio extenso) o la miocardiopatía dilatada (en muchos casos, idiopática, o lo que es lo mismo, sin causa conocida). En ambas situaciones suele estar disminuida la fracción de eyección, es decir, la contractilidad del músculo cardiaco.
También es habitual que las personas con episodios repetidos de IC pierdan musculatura por el reposo prolongado. El entrenamiento mejora su capacidad física, actuando tanto a nivel central como muscular. Además, en los casos en que la insuficiencia cardiaca se deba a enfermedad coronaria, el ejercicio tendrá efectos beneficiosos sobre la aterosclerosis.
Prescripción de ejercicio. Si has tenido uno o varios episodios de insuficiencia cardiaca, o te han diagnosticado una miocardiopatía dilatada con disfunción del ventrículo izquierdo, habla con tu cardiólogo sobre la indicación de realizar un programa de rehabilitación cardiaca en una unidad especializada. Si esto no fuese posible, el cardiólogo te recomendará el tipo de entrenamiento mas adecuado a tu cardiopatía y a tu situación física. Es importante que sigas sus indicaciones para minimizar los riesgos y conseguir los mayores beneficios.
En términos generales, deberás efectuar entrenamiento con ejercicios predominantemente aeróbicos, como caminar, trotar, correr, montar en bicicleta o nadar. Debido a la pérdida de masa muscular, en ocasiones resulta interesante en ocasiones introducir además entrenamiento isométrico con pequeños pesos (0,5-1-2 kilos), para mejorar la fuerza.
¿Cuándo empiezo? Tras el alta hospitalaria, si no se han presentado complicaciones, se puede empezar a caminar. Si te encuentras muy débil o cansado, coméntaselo a tu médico, pero normalmente en el informe de alta nos indican ya que ejercicio debemos hacer y cómo iniciarlo.
¿Cómo empiezo? Debes iniciarte con un ejercicio poco intenso e ir progresando lentamente. Por ejemplo, empezar a caminar diariamente unos 15-20 minutos e ir aumentando progresivamente hasta llegar a los 40-45 minutos Esta progresión será más lenta en las personas que llevan inactivas mucho tiempo y en las que, por su cardiopatía, se encuentren en muy baja forma física.
¿A qué intensidad? La intensidad debe ir aumentando progresivamente pero sin prisas. Para controlarla, tenemos dos opciones:
Para conocer la frecuencia cardiaca de entrenamiento se debe realizar una ergometría. Mediante esta prueba, el especialista detecta la situación del corazón y el estado de forma física, estableciendo el porcentaje de frecuencia cardiaca más idóneo para el entrenamiento.
Ejemplo. Si realizas una ergometría y alcanzas una frecuencia cardiaca máxima de 120 latidos por minuto sin ninguna alteración, podrías comenzar a entrenar a un ritmo del 50% de esa frecuencia cardiaca alcanzada.
Si por el contrario presentas fatiga, disnea, angina de pecho o alteraciones en el electrocardiograma, se utilizará la frecuencia cardiaca a la que aparecen estas alteraciones para calcular el porcentaje. En el caso de la insuficiencia cardiaca los porcentajes son orientativos. Hay personas con muy mala capacidad física que deben empezar incluso con menor intensidad. En otros casos, la capacidad física es mejor y sí es posible comenzar con porcentajes mayores (60-70% de la frecuencia cardiaca alcanzada). A medida que pasan las semanas de entrenamiento, siempre que el especialista lo recomiende, será posible aumentar esa frecuencia.
Los pacientes que presentan la arritmia denominada fibrilación auricular tienen más complicaciones para medir su frecuencia cardiaca en un momento determinado, ya que ésta se manifiesta de manera muy irregular. En este tipo de casos se recomienda controlar la intensidad mediante las escalas de percepción subjetiva de esfuerzo, como la escala de Börg. Estos pacientes deben iniciar el entrenamiento a una intensidad 10 ó 11 (que corresponde con trabajo entre muy ligero y ligero) e ir incrementando con el tiempo sin pasar nunca del valor 15.
Una manera fácil de valorar si estamos haciendo el entrenamiento a la intensidad adecuada es caminar o pedalear a una intensidad que nos permita hablar con un compañero sin tener sensación de fatiga.
En los pacientes con diagnóstico de insuficiencia cardiaca crónica estable son más recomendables las sesiones a menor intensidad, aunque sean más prolongadas, para permiten asegurar un gasto calórico suficiente. Pero en los casos en que el paciente tenga muy mala forma física el ejercicio puede ser dividido en pequeñas sesiones diarias.
Cuando lleves cierto tiempo realizando actividad física de forma habitual puedes añadir algún ejercicio en el que movilices pequeños pesos (1-2 kilos). Consulta siempre con tu especialista esta posibilidad.
Normas de entrenamiento. Además de las normas generales ya comentadas, debes tener en cuenta otros aspectos relacionados con tu enfermedad:
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