Este reportaje nos muestra el caso de una paciente que sufrió un infarto y vuelve a la consulta para la revisión. El Doctor Juan Ramón Rey nos cuenta que ese es un momento crítico en el que el paciente se siente más vulnerable; es la propia paciente la que nos habla de la seguridad que le ha aportado la rehabilitación. En esa consulta se les cuenta a los pacientes en qué consiste la enfermedad y les transmiten sentimientos positivos de cara al futuro siempre y cuando cambien su estilo de vida. La paciente hace hincapié en el buen trato que recibió durante su estancia en el hospital por parte de todo el personal.


Hace un mes, mientras estaba trabajando, sentí un dolor en el pecho. Me llevaron a un hospital rápidamente y los médicos me diagnosticaron un infarto. Tras el episodio, comencé la rehabilitación cardiaca donde recibo consejos y charlas de diferentes temas: relajación, sexualidad, alimentación, actividad física... Además hago ejercicio y practico los hábitos cardiosaludables, y la verdad es que estoy perfectamente, incluso mejor que antes del infarto, es como si no hubiera pasado nada.
Estoy trasplantado del corazón gracias a la generosidad de un donante anónimo. La operación no me ha impedido practicar deporte, concretamente el cliclismo, gracias al cual me siento cada día mejor y llevo una vida muy normal: hago mi trabajo como cualquier otra persona, siempre dentro de unas pequeñas limitaciones. A raíz del trasplante empecé con el cicloturismo.
Tengo 20 años, soy estudiante, me dedico a la decoración de locales con grafitis y pertenezco a un grupo de música hip hop, llamado La Gran Familia. ¿Si me vieras por la calle pensarías que tengo una enfermedad cardiaca? A los trece días de vida, me sometí a mi primera intervención quirúrgica y hace dos meses me pusieron una válvula pulmonar. ¿Crees que soy diferente a ti? No lo soy.
Tengo una cardiopatía congénita desde que nací. Me la descubrieron a los dos meses de vida y a los nueve me hicieron una CIA (comunicación interauricular) para que pudiera vivir. A los 3 años me operaron en el Hospital La Paz de una tetralogía de Fallot. Gracias a los médicos tan maravillosos que he tenido, he seguido adelante, llevo una vida normal, he contado con la ayuda de toda mi familia y mis amigos, y nunca me he sentido una persona extraña.
Cuando sufrí un infarto no era conciente de por qué ha ocurrido. En ese momento te surgen muchas dudas y lo primero que haces es un repaso de tu vida. Te das cuenta que el ritmo que llevas, la alimentación, esas dos cajetillas de cigarrillos que fumas y la falta de ejercicio físico han sido factores decisivos para desencadenar el infarto. A partir de ahí, te surge la duda: ¿qué va a pasar a partir de ahora? Y tienes dos opciones: una, quedarte en casa llorando y, otra, salir llorado.
Cuando era niña me di cuenta que yo no podía hacer las cosas que los demás niños hacían sin
Un Jueves Santo de 1999, durante unas vacaciones en la Sierra de Madrid, empecé a sentir una sensación parecida al dolor de estómago, pero que no había padecido nunca. Bebí agua, me subí al coche y ya no recuerdo nada más. Isabel, mi esposa, recuerda que no perdí el conocimiento pero tuve que detener el coche y sentarme en el bordillo. Dos chicas se acercaron a auxiliarnos.
Tenía una salud de hierro hasta que las primeras molestias empeoraron y acudí al médico. Tras un cateterismo, los médicos me diagnosticaron una miocardiopatía dilatada. Pedí una segunda opinión, que corroboró lo anterior y dictaminó que sólo un trasplante de corazón me ayudaría. El impacto de la noticia fue brutal y no logré hacerme a la idea hasta que pasó el tiempo. Lo dije en mi casa y recibí el apoyo de mi marido y mis hijos.
El primer aviso fue en 1987, como consecuencia de una embolia que me mantuvo en el hospital durante unos días. Tras este amago, retomé sin problemas mi ritmo de vida, pero un par de años después, empecé a sentir una ligera opresión en el lado izquierdo del pecho. En principio no me preocupó demasiado, aunque los doctores me aconsejaron que fuera a Barcelona para que me hicieran un cateterismo, que evidenció que tenía las arterias obstruidas casi un 100 por ciento.















