Facebook
Twitter
Youtube
Flickr
Linkedin
Instagram
SoundCloud
Newsletter
Contacto
Inicio / Comunicación / Notas de prensa / Evitar el déficit de vitamina D: dieta equilibrada y 30 minutos diarios de sol con protección

La Fundación Española del Corazón (FEC) alerta sobre la importancia de mantener unos hábitos de vida cardiosaludables para mantener los niveles de vitamina D por encima de 30 ng/ml. 

Diversos estudios demuestran la existencia de una asociación entre niveles bajos de vitamina D y una mayor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión arterial y la diabetes, factores que pueden provocar algunas enfermedades cardiovasculares como el infarto o la angina de pecho. En concreto, el estudio estadounidense Health Professionals Follow-up Study, revela que el riesgo de infarto se multiplica por dos en aquellas personas que tienen valores de vitamina D inferiores a 15ng/ml. 

La vitamina D es una vitamina liposoluble, es decir que se almacena en el tejido graso del cuerpo, y su función principal es la de ayudar al organismo a absorber el calcio necesario para, junto con el fósforo, formar nuestros huesos.

Esta vitamina se produce principalmente mediante la exposición de nuestra piel a los rayos solares UV, por este motivo también se la conoce popularmente como “la vitamina de la luz del sol”. La Dra. Regina Dalmau, miembro de la sección de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), nos explica el proceso: “frente a la exposición solar, se produce una reacción química que trasforma el colesterol o ergosterol (propio de los vegetales) en vitamina D activa efectiva, por este motivo los países que gozan de más cantidad de horas de sol poseen unos niveles más altos de Vitamina D.” Y añade, “también existen muchos alimentos que contienen vitamina D de forma natural, como los pescados grasos (salmón, atún, caballa, sardinas), el marisco, el huevo, o de forma enriquecida como algunos productos lácteos (leche, yogures, quesos), cereales o zumos".

La vitamina D, tanto la que obtenemos mediante la filtración de la luz solar (90%) como la que ingerimos mediante alimentos (10%) sufre dos transformaciones en el organismo: la primera sucede en el hígado y da lugar al calcidiol. La segunda tiene lugar en los riñones y otros tejidos y produce calcitriol, una hormona activa que estimula la absorción del calcio, algunos fosfatos y regula la transcripción de diferentes genes. Además, también participa en la síntesis de la insulina y en la contracción cardiaca, regula el sistema inmunitario y tiene poder antimicrobiano.

“Seguir una dieta equilibrada y una exposición solar de media hora al día, con protección solar ya nos aporta los niveles suficientes de vitamina D necesarios. Ambas fuentes de vitamina D son complementarias, ya que las dos son imprescindibles y en general el mantener una dieta equilibrada es recomendable para lograr una salud completa”, señala la Dra. Dalmau y, en relación a los índices adecuados de vitamina D, añade “más que niveles adecuados, parece que hay niveles por debajo de los cuales se considera que la cantidad es insuficiente, que son menos de 30 nanogramos por mililitro en sangre.”

Ante estos datos la cardióloga Regina Dalmau insiste en señalar que, “son necesarias más investigaciones para confirmar estos hallazgos, lo que sí podemos evidenciar científicamente a través de estudios epidemiológicos que se han realizado hasta el momento, es que la gente que posee un déficit de vitamina D en sangre tiene más enfermedades cardiovasculares, lo que no implica que exista una relación de causalidad entre ambas circunstancias, ya que dicha asociación puede deberse a que bajos niveles de vitamina D estén asociados a otras situaciones que sí se convierten en factores de riesgo reales, como una dieta poco cardiosaludable o la falta de ejercicio físico”.