La Fundación Española del Corazón (FEC) quiere recordar que todos los ciudadanos somos responsables de los productos que compramos. Para ello, insta a todos los consumidores a informarse concienzudamente sobre el contenido de los alimentos y llevar a cabo, así, un consumo responsable.
El Parlamento Europeo, con el apoyo de numerosos organismos entre los que destaca la FEC, ha llevado a cabo un gran esfuerzo para conseguir que los productos manufacturados contengan la máxima información posible sobre el origen del producto, la lista de ingredientes y la de nutrientes que incorporan.
Así, en julio del año pasado se aprobó el “Reglamento Europeo sobre etiquetado de alimentos”, que fue publicado en octubre, y que, entre otras directrices, destacaba:
“La idea de este reglamento no es prohibir alimentos, sino que pretende dar el máximo de información posible al consumidor para que sea éste el que, conociendo el contenido de todos los productos, escoja los que más le convengan”, declara el Dr. Leandro Plaza, presidente de la FEC. “No es nuestra función decir lo que es bueno o malo, para eso están las agencias reguladoras, nuestro trabajo es educar para que los ciudadanos sean capaces de decidir por sí mismos”, concluye el Dr. Plaza.
Las recomendaciones que fueron presentadas pero que no recibieron aprobación final, fueron las referentes a la información sobre el contenido de grasas trans en los productos, así como tampoco la especificación de los ingredientes en las bebidas alcohólicas con un contenido superior al 1,2% de alcohol.
Para el Dr. Plaza, “existen tres componentes esenciales en los que debemos fijarnos de forma especial para asegurarnos que los productos que consumimos sean cardiosaludables: las calorías, las grasas y la sal”.
Un consumo elevado de calorías puede desembocar en un padecimiento de sobrepeso, uno de los principales factores de riesgo de enfermedad cardiovascular y que es padecido por el 37.65% de la población, mientras que el 16% sufre de obesidad.
Las grasas saturadas contribuyen, por su parte, a un aumento de los niveles de colesterol, y cuando, por exceso de presencia de esta sustancia en sangre, las células son incapaces de absorberlo todo, el sobrante se deposita en la pared de la arteria y contribuye a su progresivo estrechamiento originando la arterosclerosis.
Finalmente, la sal favorece el desarrollo de la hipertensión, enfermedad que es padecida por 10 millones de españoles.
Si quieres saber más sobre este tema, consulta el post ¿Sabemos lo que comemos? Mira las etiquetas, publicado en el blog de la FEC.
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