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Inicio / Actividades / Otras actividades / Xacobeo / Corazones duros...y agradecidos

La flecha y las conchas, juntas Tercera etapa del Xacobeo con Corazón. El Camino logra su principal objetivo, que se conozcan los más de un centenar de peregrinos de la FEC. Los distintos grupos de Andalucía, Madrid, Valencia o Galicia son diversos, pero todos tienen en común llegar a Santiago para llamar la antención sobre la importancia del cuidado del corazón.

Hoy la etapa es dura. Son 24 kilómetros que unen el pueblo de Leboreiro con el de Calzada. En el medio quedan dos grandes núcleos de población y capitales de comarca; Melide y Arzúa, la tierra de los famosos quesos de Arzúa.La flecha y las conchas, juntas/>

Se nota que los ánimos están altos a esta altura del Camino y los peregrinos de la FEC comienzan la ruta muy animados. La primera parte los lleva por un puente  y una calzada romana que desemboca, poco después, en un polígono industrial. Árido y frío es el paisaje en esta zona, coronado de monumentos cuasi funerarios que el ayuntamiento de Melide colocó para intentar "suavizar" la aspereza del terreno. Por algo se le conoce como el Valle de los caídos.

Tierra de corredoiras

 La flecha y las conchas, juntasSeis kilómetros después entramos en Melide por un bello puente medieval. Dejamos esta población, que tiene el mérito de poseer uno de los cruceiros más antiguos de Galicia --se dice que del siglo XIII--, y nos internamos en una zona de bosque y corredoiras donde el Camino adopta ese encanto personal que ayuda al caminante a sentirse libre y despreocupado. Aquí nos encontramos con José Antonio Velasco, el "cardíologo no oficial" del grupo, como el mismo se hace denominar. Recuerda que fue uno de los pioneros, a principios de los setenta, de la rehabilitación coronaria en España. Los corazones agradecen esta bella estampa que se prolonga casi seis kilómetros hasta la aldea de Boente. Aquí se parte el grupo. Enrique, el organizador del viaje, ha alertado en los autobuses de la dureza del siguiente tramo, con tres cuestas y tres bajadas pronunciadas. Sin embargo, y a pesar de las advertencias, son  muchos los intrépidos peregrinos de la FEC que se lanzan a la conquista de los toboganes. Y llegan las cuestas
La flecha y las conchas, juntasY si es que algo tienen estos pacientes son agallas... y corazón, por supuesto. De eso, les sobra. Lo conocen y, por eso, dosifican. Y poco a poco, pasito a pasito, van puliendo los empedrados y angostos caminos que suben y bajan y que parecen no tener fin.

Pero al final llega la recompensa y Arzúa aparece al final del tramo. Ocho kilómetros que pasan factura a los pies, pero no a la moral, y mucho menos al corazón. Allí esperan ya aquellos que decidieron coger el autobús pero que quieren acabar la etapa.

Robles centenarios

La flecha y las conchas, juntasEl último tramo es el más bonito del día, aunque sus empinadas cuestas sorprenden a los caminantes, que no estaban advertidos de ellas. Es lo de menos. Se agradece la sombra de los robles centenarios que jalonan el camino y el sonido del agua que lo cruza. Y al final de las corredoiras y de los pueblecitos de piedra espera Calzada... y su único bar. Allí se apiñan decenas de caminantes para recuperar fuerzas. Ahora ya solo piensan en la etapa de mañana.