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Inicio / Comunicación / Notas de prensa / La telemonitorización podría ahorrar hoy hasta el 50% de las visitas presenciales

La Fundación Española del Corazón (FEC) valora positivamente el uso de las nuevas tecnologías para realizar el seguimiento a distancia o telemonitorización de los pacientes con desfibriladores y marcapasos porque puede detectar precozmente tanto problemas en el funcionamiento de estos dispositivos médicos implantados como en la salud de sus portadores. Este control remoto de los aparatos y de los biomarcadores (o indicadores de salud) eleva notablemente la seguridad de los pacientes.

En España, hay 11.939 pacientes que llevan un marcapasos implantado, en su mayor parte varones (el 58,4%) con una media de edad de 76,6 años, según el Registro Nacional de Marcapasos, y, en 2010, se realizaron 4.627 implantes de desfibriladores en 143 hospitales, en el 65% de los casos por prevención primaria y mayoritariamente en varones con una media de edad de 65 años, tal y como muestran los datos del Registro Español de Desfibrilador Implantable de 2010, del Grupo de Trabajo de Desfibrilador Automático Implantable de la Sección de Electrofisiología y Arritmias de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Por ahora, “el porcentaje de centros que realizan un control remoto a pacientes con un resincronizador es aún bajo, aunque reconocen que, si se hace de forma adecuada, no solo disminuyen las visitas, sino que también sirve para mejorar el pronóstico y el tratamiento de los pacientes o para saber cuándo el dispositivo no está funcionado correctamente y detectarlo pronto”, asegura el Dr. Antonio Hernández Madrid, coordinador del grupo de trabajo de Resincronización Cardiaca de la SEC y cardiólogo de la Unidad de Arritmias del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. 

La monitorización remota de los desfibriladores implantables tiene la capacidad de ahorrar cerca del 50% de las visitas presenciales al hospital, sin afectar a la morbilidad de los pacientes, y permite una detección más rápida de eventos cardiovasculares, por lo que este sistema de seguimiento es seguro y eficaz, según el estudio TRUST (Safely RedUceS RouTine Office Device Flollow-Up), llevado a cabo por un grupo de investigadores del Departamento de Medicina Cardiovascular de la Cleveland Clinic y publicado en 2010 en Circulation: Arrhythmia and Electrophisiology.

La telemonitorización o monitorización remota consiste en analizar completamente, a través de Internet, tanto el estado de un dispositivo –un desfibrilador o un marcapasos- como de los biomarcadores del paciente que lo lleva, que quedan en un registro y se analizan en una consulta a cientos de kilómetros, donde se puede ver cuál es el estado del paciente, de su dispositivo y comprobar que todo sea correcto.

Este sistema funciona con Internet y un módem que el paciente puede tener en su mesilla de noche y que se conecta por telefonía móvil o por wifi, de forma que el dispositivo implantado (desfibrilador o marcapasos), manda la información por telefonía o wifi a Internet.

“Se ha demostrado que esta herramienta es fiable y segura. Hasta hace poco, estos dispositivos solo se podían revisar en la consulta de forma presencial. Ahora, su uso rutinario va a permitir detectar anomalías en la función de resincronización de los marcapasos, cuando antes se hubiera tardado meses en diagnosticarlas”, destaca Hernández Madrid.

Teleasistencia, especialmente útil en época de crisis

La teleasistencia, que abarca la telemonitorización, son todos aquellos programas que permiten, en una situación crítica y de emergencia, obtener información de los pacientes, aunque no estén presencialmente. Gracias a estos programas, que se valen de las nuevas tecnologías, se pueden realizar algunos diagnósticos de inmediato, lo que puede resultar especialmente útil en situaciones graves o en aquellas en las que un adecuado tratamiento a tiempo mejora el pronóstico del paciente, facilitando la coordinación entre una UVI móvil del Samur, 061 o 112 y los hospitales más cercanos, Esta coordinación permite, por ejemplo, que el centro hospitalario que va a recibir al paciente tenga preparado todo lo necesario para realizar el procedimiento o aplicar el tratamiento adecuado. 

“En general, las nuevas tecnologías son útiles en pacientes con enfermedades cardiovasculares crónicas, como la insuficiencia cardiaca, porque pueden detectar precozmente cambios o alteraciones que no hayan sido diagnosticadas clínicamente y que permitan mejorar el pronóstico y el tratamiento de la cardiopatía”, explica la Dra. Isabel Díaz, vocal de la sección de Cardiología Preventiva y Rehabilitación Cardiaca de la SEC y jefa del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Infanta Elena.

Además, la teleasistencia puede abaratar los costes de la atención a los pacientes con enfermedades cardiovasculares. “En épocas de crisis, aunque requieren una inversión mínima e inicial, a medio y largo plazo podría suponer una mejora para el seguimiento y manejo de estos pacientes. Hay que tener en cuenta que la teleasistencia descongestiona los servicios de cardiología de los pacientes con patologías crónicas, muchos de los cuales viven en residencias y deben acudir y volver del hospital en ambulancia. Por lo tanto, descongestiona, facilita, abarata y es una garantía de seguridad para los pacientes”, según la Dra. Díaz. 

“El avance de las tecnologías nos permite tener dispositivos médicos implantables con capacidad para monitorizarlos, y así transmitir de forma inalámbrica datos a Internet. De esta forma, el médico puede controlar la evolución crítica de los pacientes sin necesidad de que tengan que hacer visitas frecuentes al hospital, lo que puede reducir las tasas de ingresos hospitalarios y las complicaciones. Por ello, en un futuro no muy lejano todos estos dispositivos implantables estarán controlados a distancia y es posible que disminuyan los problemas clínicos y los costes”, anticipa el Dr. Hernández Madrid. 

Correr con pulsímetros

Los pulsímetros sirven para monitorizar la frecuencia cardiaca o ritmo al que late el corazón y son útiles para moderar la intensidad del ejercicio físico que se realiza y mantener los márgenes de seguridad para entrenar a frecuencias cardiacas ni demasiado altas, lo que supondría un peligro para el corazón, ni demasiado bajas, sino a una frecuencia cardiaca determinada, la que sea más eficaz en cada caso. Esta frecuencia cardiaca idónea para el entrenamiento varía en función de las características de cada persona (edad, patología que padece) y si recibe fármacos o no.

Estos dispositivos se colocan en distintas partes del cuerpo, como las muñecas o el tórax, y cada vez hay más personas que se los ponen para correr. Recurrir a ellos “es correcto siempre que el paciente haya aprendido a utilizarlos. Todos los pacientes que han tenido una enfermedad cardiovascular y un evento cardiaco como un infarto deberían acudir antes a un programa de rehabilitación cardiaca, para aprender a adquirir hábitos cardiosaludables, a comer bien, a relajarse, a realizar ejercicio en su justa medida y a cómo entrenarse; si no se sabe cómo entrenar, se pueden interpretar inadecuadamente los pulsímetros”, advierte la Dra. Díaz.

Aplicación para móviles

Los expertos también auguran que, en el futuro, surgirán aplicaciones para móviles relacionadas con la salud cardiovascular. A este respecto, ya empieza a haber algunos ejemplos en el mercado, como una aplicación en la que solo poniendo el dedo en la zona flash del teléfono permite medir el ritmo cardiaco.

“El teléfono móvil puede utilizarse actualmente para conocer la frecuencia cardiaca, siendo esta una información muy parecida a la que dan los pulsímetros. La información debe ser interpretada correctamente según las características de cada paciente, que no son generalizables”, puntualiza la Dra. Díaz.

Cuidado con los videojuegos

Los videojuegos que tradicionalmente se han asociado al sedentarismo, la tendencia a la obesidad y la mala salud cardiovascular podrían ser útiles, en ciertos casos, cuando se utilizan para realizar ejercicio físico, puesto que existen algunos videojuegos para este fin. 

Desde la FEC se advierte de que los videojuegos no son malos utilizados en su justa medida, siempre que el niño y el adolescente no sean sedentarios. Pueden facilitar la realización de ejercicio y ayudar al movimiento de, por ejemplo, personas mayores. En niños pueden constituir un juego divertido y ayudar al desarrollo de la psicomotricidad, pero no deberían sustituir nunca el ejercicio físico al aire libre, que aporta una serie de ventajas incomparables.